I, Daniel Blake: El martirio de ser pobre

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Coherente con su militancia política, Ken Loach ha demostrado a lo largo de su filmografía ser un cineasta comprometido socialmente con la clase trabajadora y les ha dado voz a personajes que de otra manera no la tendrían. En I, Daniel Blake, su último film, Loach expone las falencias del sistema de subsidios británico a través de la historia de un longevo carpintero de débil corazón (Daniel Blake) y una joven londinense (Katie) que se acaba de instalar en Newcatle con sus dos hijos.

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Las intenciones de Ken Loach y Paul Laverty (guionista del film) son legítimas: la crítica al burocrático manejo de los subsidios sociales (y cómo ésta práctica atenta contra los propios ciudadanos a los que se supone que debe beneficiar) y a la deshumanización de las instituciones y del Estado (que hacen aún más profunda esa brecha existente entre realidad social y exigencia administrativa). Pero el universo que construyen guionista y director resulta artificial e inverosímil. Las situaciones a las que Daniel Blake (Dave Johns) y Katie (Hayley Squires) se enfrentan a lo largo del film son poco originales y se percibe la intencionalidad ideológica que se pretende imponer a la obra. Quizás por eso es que cuesta empatizar o sentirse identificado con los protagonistas que, encima, se presentan como personajes planos, insustanciales y sin sentido del humor. Desde este punto de vista I, Daniel Blake es una película simplista donde los malos son absolutamente malos y los buenos son personajes inmaculados, sin contradicciones ni bajezas. Los desaciertos o errores que los protagonistas pueden llegar a cometer son producto de la asfixiante situación a la que son sometidos por un régimen perverso que los arrastra hacia el abismo obligándolos a quebrantar esos decorosos e intachables valores morales que constituyen su honor y dignidad. Estos héroes anónimos son rehenes de una injusticia hegemónica y se exponen completamente inocentes de cualquier culpa.
Detrás de cámara Ken Loach, al igual que sus personajes, también aparece sometido por un sistema al que no puede controlar y lo sobrepasa. Pero en su caso no se trata de un conflicto externo con una institución estatal, sino de sus propios miedos, prejuicios y preconceptos que lo obligan a crear un film autocomplaciente que lo único que logra en todo caso es apaciguar sus propias inseguridades y generar la sensación de que el director de Kes (1969) aún es un ciudadano rebelde y contestatario.

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Loach es quien somete y obliga a sus personajes a semejante martirio desde el momento en el que les niega la posibilidad de reacción y los convierte en seres sumisos abandonados a la dicha de ese monstruo burocrático que él mismo creó.
Es Loach quien obliga a Daniel a ser incapaz de pedir ayuda, es Loach quien obliga a Katie a robar y a prostituirse y es Loach quien denigra a sus personajes haciendo que coman de una lata de conservas y pinten una pared con aerosol en un infantil acto de rebeldía inerte.

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De la misma manera que los protagonistas están libres de toda culpa, Ken Loach es exonerado a través de los numeroso e indulgentes galardones que se le otorgaron en los diferentes festivales.
La película ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2016 parece más un film de propaganda que una obra de arte digna de elogios y palmares. Ciertas escenas que están de más, ese dejo de nostalgia que transmiten los protagonistas con sus memorias y uno que otro golpe bajo convierten a I, Daniel Blake en uno de los puntos más bajos de la filmografía del octogenario director inglés.

5/10 Es mala.

por Facundo Leiva-Freytes

Datos del Film
Título original: I, Daniel Blake
Año: 2016
Género: Drama/Drama Social
Duración:
  1h 40min
País de origen: Reino Unido
Director: Ken Loach
Guión: Paul Laverty
Música: George Fenton
Fotografía: Robbie Ryan
Reparto: Dave Johns, Hayley Squires, Briana Shann, Dylan McKiernan, Kate Rutter, Sharon Percy, Kema Sikazwe, Steven Richens, Amanda Payne
Productora: BBC / BFI / Sixteen Films

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Dunkerque: Pornografía Bélica o El Manifiesto Formalista de Christopher Nolan

Un film estéticamente avasallador pero huérfano de emociones.

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Lo que se vive en la oscuridad del cine es imposible vivirlo en ningún otro formato” – dice Nolan en una entrevista publicada en el diario español “El Mundo” semanas antes del estreno mundial de Dunkerque. Con esta afirmación, Christopher Nolan desestima las nuevas plataformas de visionado de material audiovisual y erige a las salas de cine como la única forma “genuina” de ver cine.

Como si Dunkerque fuese un manifiesto audiovisual que reafirma su postura, el director realiza una película que pretende convertirse en una auténtica experiencia de inmersión que precisa de una sala de cine para ser vivenciada en su total magnitud.
Ya desde la elección del soporte de registro de imagen que se utiliza (IMAX 70mm), existe una clara intención de que los elementos técnicos del film lo conviertan en “una película que hay que ver en el cine”, y la historia de los más de 300 mil soldados ingleses que esperaban ser rescatados mientras las tropas enemigas los acorralaban en las costas de Dunkerque, Francia a mediados de 1940 es el escenario perfecto para explotar al máximo los elementos visuales y sonoros y ofrecerle al espectador una experiencia que sólo se puede obtener en la oscuridad del cine (o en una guerra eventualmente).

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El film es tan avasallador estéticamente que el espectador queda obnubilado por la puesta en escena, el fragor de la acción, la fría, opaca y contrastada imagen que logra Hoyte Van Hoytema (que por momentos remite al trabajo realizado por Janusz Kaminski para Rescatando al Soldado Ryan t.c.c. Saving Private Ryan, 1998), y la omnipresente banda sonora compuesta por Hans Zimmer. Con los nervios crispados el público deja de estar frente a la pantalla y de pronto se encuentra a la par de los personajes, vivenciando la guerra no a través de ellos sino con ellos. Se transforma entonces en una especie de testigo cuasi presencial de los hechos narrados. Esa es la ambición de este Manifiesto Formalista que expone Nolan; que quienes vayan a ver Dunkerque al cine obtengan una experiencia mucho más vivaz, realista y sobrecogedora que aquellos que vean la película en cualquier otro formato, cualquier otra pantalla.

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Lo más enriquecedor en el film desde el punto de vista dramático es el uso del fuera de campo. El director utiliza este recurso para crear un enemigo “invisible” que acecha desde más allá del encuadre. La desesperación por huir de un enemigo incorpóreo es agobiante. En ese sentido la banda sonora del film toma un papel preponderante. Se escuchan las balas pasando a centímetros de la cabeza de los soldados, el público se estremece al oír el sonido de la muerte a centímetros suyo, mientras el ronroneo metálico de un motor alemán desciende de las nubes anunciando la llegada de un bombardero. Esos escasos momentos de suspenso son los únicos que incentivan la imaginación de los presentes, que hasta el momento sólo han presenciado una pedante exhibición del manejo de los elementos técnicos inherentes al cine, pero que poco ahondan en su tradición artística y la esencia de su lenguaje.

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En la entrevista que Luis Martínez le hace para el periódico “El Mundo”, Christopher Nolan declara petulante: “Como cineasta mi único objetivo y compromiso es crear experiencias que sólo pueden vivirse en una sala de cine”. Por lo demostrado en Dunkerque, queda en claro que esa experiencia que el director tiene como objetivo y con la cual se compromete es una experiencia puramente formalista. De alguna manera esta intención del director de crear a través de los elementos audiovisuales un mundo lo más análogo posible al real deja al film huérfano de emociones.
Todo aquello que el realizador construye desde lo estético para lograr que el público se sienta inmerso en la historia hace de Dunkerque un film sin misterio. El espectador se ve despojado de la posibilidad de formular una idea propia dentro del relato. En Dunkerque hay intensidad pero no hay suspenso, hay tensión pero no hay intriga, no hay nada que estimule la imaginación de quien está sentado frente a la pantalla, por el contrario todo está obscenamente expuesto, de manera casi pornográfica podría decirse. Y es que en el cine la virtud yace en la insinuación, no en la exposición. “Insinuar y no mostrar” decía Hitchcock (otro inglés petulante, pero que sí tenía con qué).

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Pocas veces se tiene conocimiento tan certero acerca de la intencionalidad de un artista con respecto a su obra, pero en este caso el artista expone sus intenciones de manera concreta. Desde ese punto, y teniendo siempre en mente la intencionalidad del realizador, es desde donde hay que observar el último film de Christopher Nolan. Ese carácter formalista del director era algo que ya podía vislumbrarse en sus anteriores películas pero es Dunkerque el film en el que queda más claramente de manifiesto.  Tal vez alentado por el deseo de demostrar al mundo que el cine de verdad sólo se encuentra en las salas y que es ese mágico palpitar del proyector lo que lo convierte en algo tan especial, quizás en ese afán de impactar al público el director inglés puso toda su dedicación y energía a merced de los recursos técnicos y estéticos y por ello descuidó parte esencial del lenguaje cinematográfico. Parte esencial de la vivencia del cine es que nos hace emocionar, nos hace reflexionar y recordar, nos hace ilusionar y crear un mundo que tal vez nunca exista. La lucha de Chistopher es justa y honorable, pero escogió las armas equivocadas para el combate, o quizás sean esas las únicas armas que sabe manipular. Hay un refrán que dice: “No le pidan peras al olmo”, pues no le pidan emociones humanas a los films de Nolan.

8/10 Hay que verla.

por Facundo Leiva-Freytes

Datos del Film
Título original: Dunkirk
Año: 2017
Duración:  1h 46min
País de origen: Estados Unidos
Director: Christopher Nolan
Guión: Christopher Nolan
Música: Hans Zimmer
Fotografía: Hoyte Van Hoytema
Reparto: Fionn Whitehead, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy, Cillian Murphy, Barry Keoghan, Harry Styles, Jack Lowden, Aneurin Barnard, James D’Arcy, Tom Glynn-Carney, Bradley Hall, Damien Bonnard, Jochum ten Haaf, Michel Biel
Productora: Coproducción Estados Unidos-Reino Unido-Francia-Países Bajos (Holanda); Warner Bros. Pictures / Syncopy / Dombey Street Productions / Kaap Holland Film / Canal+ / Ciné+ / RatPac-Dune Entertainment

Nadie Nos Mira: Profeta en Su Tierra

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La tercera película de Julia Solomonoff retrata las vicisitudes de un personaje complejo, creíble desde su humanidad, lleno de buenas intenciones y ofuscado por la desesperación que le genera la desestabilidad económica y, sobre todo, el fracaso artístico (y existencial) que lo acecha constantemente.

Cimentando su ilusión y esperanza en su capacidad y talento actoral, Niko (el personaje de Guillermo Pfening) viaja a Estados Unidos y se instala en Nueva York con la idea de generar allí lo mismo que lo convirtió en un actor estrella en Argentina. Las cosas no van bien para Niko que debe cuidar el bebé de una amiga durante el día y trabajar de camarero en un bar por las noches para conseguir dinero. Para colmo su physique du rol no encaja en ningún papel actoral al que se presenta; es demasiado gringo para interpretar un personaje latino, pero tiene un acento muy marcado para representar un personaje estadounidense.

Esa idea del artista indie perdido en Nueva York que no encuentra su lugar en el mundo (profesional, ni personalmente), nos remite por momentos al film de Noah Baumbach, Frances Ha. Pero existen claras diferencias entre aquel personaje interpretado por Greta Gerwig y éste que encarna Guillermo Pfening en “Nadie Nos Mira”. Obviamente la nacionalidad de uno y otro, pero más allá de eso la principal diferencia entre ellos es la motivación que los lleva a asentarse en la gran manzana. Niko es un personaje que se presenta por momentos desmotivado, como si estuviese en NY porque la vida lo depositó allí más que por decisión propia, que es lo que el aluce o deja entrever.

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Poco a poco y de manera muy sutil Julia Solomonoff hace que nuestro protagonista revele lo justo y necesario acerca de su pasado. El espectador termina construyendo la biografía de Niko con delicadas claves que la directora le da de manera justa y en momentos precisos. Esto es el fundamento principal de un gran trabajo de dirección por parte de Solomonoff que se ayuda con una soberbia interpretación por parte de Pfening quien lleva a la pantalla un personaje que configura a la perfección ese mundo pseudo artístico basado en apariencias que esclavizan tácitamente a quienes lo integran.

Por momentos Niko se ve obligado a mantener esas frívolas apariencias aun a costa de la propia personalidad: “No importa que tan famoso hayas sido en tu país, acá eso no significa nada”, le dice una productora que le recomienda oscurecerse el pelo y tomar clases de inglés. Lo que en realidad le pide es dejar atrás la persona que era y convertirse en otra. Dejar atrás todo lo que logró y comenzar de cero.

El miedo al fracaso, las expectativas y presiones que lo obligan a mostrarse exitoso y “digno” frente a los demás, cierto delirio de grandeza y falta de humildad, pero sobre todo ese encadenamiento al pasado al que él mismo se somete de manera inconsciente (representado por esa tortuosa relación amorosa que mantiene con el productor que lo llevó a la fama) comienzan a hundir al protagonista en una ciénaga existencialista.

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Una de las cosas más interesantes del film es que podría tratarse tranquilamente de la historia de una mujer, pero es un hombre, y esto agrega ciertos condimentos al relato de Julia Solomonoff que una vez más decide integrar el tema de la homosexualidad a su obra.
Nadie Nos Mira” es un film austero pero eficaz en sus formas, y complejo y atrapante desde su contenido. Un film que da ganas de ver un poco más de cine argentino y no tanto cine neoyorquino.

8/10 Hay que verla.

por Facundo Leiva-Freytes

Datos del Film
Título original: Nadie Nos Mira
Año: 2017
Duración: 1h 42min
País de origen: Argentina
Director: Julia Solomonoff
Guión: Christina Lazaridi, Julia Solomonoff
Música: Sacha Amback, Pablo Mondragón
Fotografía: Lucio Bonelli
Reparto: Guillermo Pfening, Cristina Morrison, Elena Roger, Paola Baldion, Rafael Ferro, Marina Artigas, Kerri Sohn, Ana Carolina Lima, Noelle Lake, Marco Antonio Caponi, Paige Sciarrino, Blanca Vivancos, Josefina Scaro, Nadja Settel, Ava Tracy
Productora: Coproducción Argentina-Estados Unidos-Brasil-Colombia-España; Aleph Motion Pictures / CEPA Audiovisual / Epicentre Films / La Panda / Mad Love Film Factory / Miss Wasabi