I, Daniel Blake: El martirio de ser pobre

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Coherente con su militancia política, Ken Loach ha demostrado a lo largo de su filmografía ser un cineasta comprometido socialmente con la clase trabajadora y les ha dado voz a personajes que de otra manera no la tendrían. En I, Daniel Blake, su último film, Loach expone las falencias del sistema de subsidios británico a través de la historia de un longevo carpintero de débil corazón (Daniel Blake) y una joven londinense (Katie) que se acaba de instalar en Newcatle con sus dos hijos.

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Las intenciones de Ken Loach y Paul Laverty (guionista del film) son legítimas: la crítica al burocrático manejo de los subsidios sociales (y cómo ésta práctica atenta contra los propios ciudadanos a los que se supone que debe beneficiar) y a la deshumanización de las instituciones y del Estado (que hacen aún más profunda esa brecha existente entre realidad social y exigencia administrativa). Pero el universo que construyen guionista y director resulta artificial e inverosímil. Las situaciones a las que Daniel Blake (Dave Johns) y Katie (Hayley Squires) se enfrentan a lo largo del film son poco originales y se percibe la intencionalidad ideológica que se pretende imponer a la obra. Quizás por eso es que cuesta empatizar o sentirse identificado con los protagonistas que, encima, se presentan como personajes planos, insustanciales y sin sentido del humor. Desde este punto de vista I, Daniel Blake es una película simplista donde los malos son absolutamente malos y los buenos son personajes inmaculados, sin contradicciones ni bajezas. Los desaciertos o errores que los protagonistas pueden llegar a cometer son producto de la asfixiante situación a la que son sometidos por un régimen perverso que los arrastra hacia el abismo obligándolos a quebrantar esos decorosos e intachables valores morales que constituyen su honor y dignidad. Estos héroes anónimos son rehenes de una injusticia hegemónica y se exponen completamente inocentes de cualquier culpa.
Detrás de cámara Ken Loach, al igual que sus personajes, también aparece sometido por un sistema al que no puede controlar y lo sobrepasa. Pero en su caso no se trata de un conflicto externo con una institución estatal, sino de sus propios miedos, prejuicios y preconceptos que lo obligan a crear un film autocomplaciente que lo único que logra en todo caso es apaciguar sus propias inseguridades y generar la sensación de que el director de Kes (1969) aún es un ciudadano rebelde y contestatario.

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Loach es quien somete y obliga a sus personajes a semejante martirio desde el momento en el que les niega la posibilidad de reacción y los convierte en seres sumisos abandonados a la dicha de ese monstruo burocrático que él mismo creó.
Es Loach quien obliga a Daniel a ser incapaz de pedir ayuda, es Loach quien obliga a Katie a robar y a prostituirse y es Loach quien denigra a sus personajes haciendo que coman de una lata de conservas y pinten una pared con aerosol en un infantil acto de rebeldía inerte.

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De la misma manera que los protagonistas están libres de toda culpa, Ken Loach es exonerado a través de los numeroso e indulgentes galardones que se le otorgaron en los diferentes festivales.
La película ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2016 parece más un film de propaganda que una obra de arte digna de elogios y palmares. Ciertas escenas que están de más, ese dejo de nostalgia que transmiten los protagonistas con sus memorias y uno que otro golpe bajo convierten a I, Daniel Blake en uno de los puntos más bajos de la filmografía del octogenario director inglés.

5/10 Es mala.

por Facundo Leiva-Freytes

Datos del Film
Título original: I, Daniel Blake
Año: 2016
Género: Drama/Drama Social
Duración:
  1h 40min
País de origen: Reino Unido
Director: Ken Loach
Guión: Paul Laverty
Música: George Fenton
Fotografía: Robbie Ryan
Reparto: Dave Johns, Hayley Squires, Briana Shann, Dylan McKiernan, Kate Rutter, Sharon Percy, Kema Sikazwe, Steven Richens, Amanda Payne
Productora: BBC / BFI / Sixteen Films

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Dunkerque: Pornografía Bélica o El Manifiesto Formalista de Christopher Nolan

Un film estéticamente avasallador pero huérfano de emociones.

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Lo que se vive en la oscuridad del cine es imposible vivirlo en ningún otro formato” – dice Nolan en una entrevista publicada en el diario español “El Mundo” semanas antes del estreno mundial de Dunkerque. Con esta afirmación, Christopher Nolan desestima las nuevas plataformas de visionado de material audiovisual y erige a las salas de cine como la única forma “genuina” de ver cine.

Como si Dunkerque fuese un manifiesto audiovisual que reafirma su postura, el director realiza una película que pretende convertirse en una auténtica experiencia de inmersión que precisa de una sala de cine para ser vivenciada en su total magnitud.
Ya desde la elección del soporte de registro de imagen que se utiliza (IMAX 70mm), existe una clara intención de que los elementos técnicos del film lo conviertan en “una película que hay que ver en el cine”, y la historia de los más de 300 mil soldados ingleses que esperaban ser rescatados mientras las tropas enemigas los acorralaban en las costas de Dunkerque, Francia a mediados de 1940 es el escenario perfecto para explotar al máximo los elementos visuales y sonoros y ofrecerle al espectador una experiencia que sólo se puede obtener en la oscuridad del cine (o en una guerra eventualmente).

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El film es tan avasallador estéticamente que el espectador queda obnubilado por la puesta en escena, el fragor de la acción, la fría, opaca y contrastada imagen que logra Hoyte Van Hoytema (que por momentos remite al trabajo realizado por Janusz Kaminski para Rescatando al Soldado Ryan t.c.c. Saving Private Ryan, 1998), y la omnipresente banda sonora compuesta por Hans Zimmer. Con los nervios crispados el público deja de estar frente a la pantalla y de pronto se encuentra a la par de los personajes, vivenciando la guerra no a través de ellos sino con ellos. Se transforma entonces en una especie de testigo cuasi presencial de los hechos narrados. Esa es la ambición de este Manifiesto Formalista que expone Nolan; que quienes vayan a ver Dunkerque al cine obtengan una experiencia mucho más vivaz, realista y sobrecogedora que aquellos que vean la película en cualquier otro formato, cualquier otra pantalla.

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Lo más enriquecedor en el film desde el punto de vista dramático es el uso del fuera de campo. El director utiliza este recurso para crear un enemigo “invisible” que acecha desde más allá del encuadre. La desesperación por huir de un enemigo incorpóreo es agobiante. En ese sentido la banda sonora del film toma un papel preponderante. Se escuchan las balas pasando a centímetros de la cabeza de los soldados, el público se estremece al oír el sonido de la muerte a centímetros suyo, mientras el ronroneo metálico de un motor alemán desciende de las nubes anunciando la llegada de un bombardero. Esos escasos momentos de suspenso son los únicos que incentivan la imaginación de los presentes, que hasta el momento sólo han presenciado una pedante exhibición del manejo de los elementos técnicos inherentes al cine, pero que poco ahondan en su tradición artística y la esencia de su lenguaje.

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En la entrevista que Luis Martínez le hace para el periódico “El Mundo”, Christopher Nolan declara petulante: “Como cineasta mi único objetivo y compromiso es crear experiencias que sólo pueden vivirse en una sala de cine”. Por lo demostrado en Dunkerque, queda en claro que esa experiencia que el director tiene como objetivo y con la cual se compromete es una experiencia puramente formalista. De alguna manera esta intención del director de crear a través de los elementos audiovisuales un mundo lo más análogo posible al real deja al film huérfano de emociones.
Todo aquello que el realizador construye desde lo estético para lograr que el público se sienta inmerso en la historia hace de Dunkerque un film sin misterio. El espectador se ve despojado de la posibilidad de formular una idea propia dentro del relato. En Dunkerque hay intensidad pero no hay suspenso, hay tensión pero no hay intriga, no hay nada que estimule la imaginación de quien está sentado frente a la pantalla, por el contrario todo está obscenamente expuesto, de manera casi pornográfica podría decirse. Y es que en el cine la virtud yace en la insinuación, no en la exposición. “Insinuar y no mostrar” decía Hitchcock (otro inglés petulante, pero que sí tenía con qué).

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Pocas veces se tiene conocimiento tan certero acerca de la intencionalidad de un artista con respecto a su obra, pero en este caso el artista expone sus intenciones de manera concreta. Desde ese punto, y teniendo siempre en mente la intencionalidad del realizador, es desde donde hay que observar el último film de Christopher Nolan. Ese carácter formalista del director era algo que ya podía vislumbrarse en sus anteriores películas pero es Dunkerque el film en el que queda más claramente de manifiesto.  Tal vez alentado por el deseo de demostrar al mundo que el cine de verdad sólo se encuentra en las salas y que es ese mágico palpitar del proyector lo que lo convierte en algo tan especial, quizás en ese afán de impactar al público el director inglés puso toda su dedicación y energía a merced de los recursos técnicos y estéticos y por ello descuidó parte esencial del lenguaje cinematográfico. Parte esencial de la vivencia del cine es que nos hace emocionar, nos hace reflexionar y recordar, nos hace ilusionar y crear un mundo que tal vez nunca exista. La lucha de Chistopher es justa y honorable, pero escogió las armas equivocadas para el combate, o quizás sean esas las únicas armas que sabe manipular. Hay un refrán que dice: “No le pidan peras al olmo”, pues no le pidan emociones humanas a los films de Nolan.

8/10 Hay que verla.

por Facundo Leiva-Freytes

Datos del Film
Título original: Dunkirk
Año: 2017
Duración:  1h 46min
País de origen: Estados Unidos
Director: Christopher Nolan
Guión: Christopher Nolan
Música: Hans Zimmer
Fotografía: Hoyte Van Hoytema
Reparto: Fionn Whitehead, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy, Cillian Murphy, Barry Keoghan, Harry Styles, Jack Lowden, Aneurin Barnard, James D’Arcy, Tom Glynn-Carney, Bradley Hall, Damien Bonnard, Jochum ten Haaf, Michel Biel
Productora: Coproducción Estados Unidos-Reino Unido-Francia-Países Bajos (Holanda); Warner Bros. Pictures / Syncopy / Dombey Street Productions / Kaap Holland Film / Canal+ / Ciné+ / RatPac-Dune Entertainment

Nadie Nos Mira: Profeta en Su Tierra

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La tercera película de Julia Solomonoff retrata las vicisitudes de un personaje complejo, creíble desde su humanidad, lleno de buenas intenciones y ofuscado por la desesperación que le genera la desestabilidad económica y, sobre todo, el fracaso artístico (y existencial) que lo acecha constantemente.

Cimentando su ilusión y esperanza en su capacidad y talento actoral, Niko (el personaje de Guillermo Pfening) viaja a Estados Unidos y se instala en Nueva York con la idea de generar allí lo mismo que lo convirtió en un actor estrella en Argentina. Las cosas no van bien para Niko que debe cuidar el bebé de una amiga durante el día y trabajar de camarero en un bar por las noches para conseguir dinero. Para colmo su physique du rol no encaja en ningún papel actoral al que se presenta; es demasiado gringo para interpretar un personaje latino, pero tiene un acento muy marcado para representar un personaje estadounidense.

Esa idea del artista indie perdido en Nueva York que no encuentra su lugar en el mundo (profesional, ni personalmente), nos remite por momentos al film de Noah Baumbach, Frances Ha. Pero existen claras diferencias entre aquel personaje interpretado por Greta Gerwig y éste que encarna Guillermo Pfening en “Nadie Nos Mira”. Obviamente la nacionalidad de uno y otro, pero más allá de eso la principal diferencia entre ellos es la motivación que los lleva a asentarse en la gran manzana. Niko es un personaje que se presenta por momentos desmotivado, como si estuviese en NY porque la vida lo depositó allí más que por decisión propia, que es lo que el aluce o deja entrever.

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Poco a poco y de manera muy sutil Julia Solomonoff hace que nuestro protagonista revele lo justo y necesario acerca de su pasado. El espectador termina construyendo la biografía de Niko con delicadas claves que la directora le da de manera justa y en momentos precisos. Esto es el fundamento principal de un gran trabajo de dirección por parte de Solomonoff que se ayuda con una soberbia interpretación por parte de Pfening quien lleva a la pantalla un personaje que configura a la perfección ese mundo pseudo artístico basado en apariencias que esclavizan tácitamente a quienes lo integran.

Por momentos Niko se ve obligado a mantener esas frívolas apariencias aun a costa de la propia personalidad: “No importa que tan famoso hayas sido en tu país, acá eso no significa nada”, le dice una productora que le recomienda oscurecerse el pelo y tomar clases de inglés. Lo que en realidad le pide es dejar atrás la persona que era y convertirse en otra. Dejar atrás todo lo que logró y comenzar de cero.

El miedo al fracaso, las expectativas y presiones que lo obligan a mostrarse exitoso y “digno” frente a los demás, cierto delirio de grandeza y falta de humildad, pero sobre todo ese encadenamiento al pasado al que él mismo se somete de manera inconsciente (representado por esa tortuosa relación amorosa que mantiene con el productor que lo llevó a la fama) comienzan a hundir al protagonista en una ciénaga existencialista.

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Una de las cosas más interesantes del film es que podría tratarse tranquilamente de la historia de una mujer, pero es un hombre, y esto agrega ciertos condimentos al relato de Julia Solomonoff que una vez más decide integrar el tema de la homosexualidad a su obra.
Nadie Nos Mira” es un film austero pero eficaz en sus formas, y complejo y atrapante desde su contenido. Un film que da ganas de ver un poco más de cine argentino y no tanto cine neoyorquino.

8/10 Hay que verla.

por Facundo Leiva-Freytes

Datos del Film
Título original: Nadie Nos Mira
Año: 2017
Duración: 1h 42min
País de origen: Argentina
Director: Julia Solomonoff
Guión: Christina Lazaridi, Julia Solomonoff
Música: Sacha Amback, Pablo Mondragón
Fotografía: Lucio Bonelli
Reparto: Guillermo Pfening, Cristina Morrison, Elena Roger, Paola Baldion, Rafael Ferro, Marina Artigas, Kerri Sohn, Ana Carolina Lima, Noelle Lake, Marco Antonio Caponi, Paige Sciarrino, Blanca Vivancos, Josefina Scaro, Nadja Settel, Ava Tracy
Productora: Coproducción Argentina-Estados Unidos-Brasil-Colombia-España; Aleph Motion Pictures / CEPA Audiovisual / Epicentre Films / La Panda / Mad Love Film Factory / Miss Wasabi

Mamá Se Fue de Viaje: 10 días no son nada

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Ariel Winograd posee un talento único para retratar la clase media acomodada argentina. Logra capturar desde el lugar preciso y a la distancia adecuada todos los matices que definen ese universo. En “Mamá Se Fue de Viaje” esta virtud del director se pone de manifiesto desde el minuto cero. Utilizando como plataforma el formato de comedia clásica americana, con una clara influencia del trabajo de James L. Brooks y, sobre todo, la serie animada “Los Simpson”, Winograd compone armoniosa y delirantemente una sinfonía que combina el grotesco y el costumbrismo para describir a la familia Garbor.

Víctor Garbor (interpretado por Diego Peretti) es gerente de recursos humanos en una importante empresa. Está casado con Vera (Carla Peterson), una abogada que dejo de lado su oficio para ocuparse de los quehaceres domésticos y de la educación de los cuatro hijos que completan la familia: Bruno de 18 años, Lara de 14 años, Tato de 8 y Lolo de 2 años. Víctor tiene competencia en la empresa, un joven con ganas de prosperar lo está empezando a opacar frente a su jefe. Todas las energías de Víctor están puestas en esa rivalidad que se ha generado. Una mañana sale a la luz el video de una empleada robando tres tornillos mariposa de una caja del depósito. En principio Víctor sólo quiere apercibirla porque piensa que es lo que amerita en una situación así; pero ante el asedio de su contrincante, Víctor termina echando a la empleada de la empresa, sin indemnización. Es en ese momento que Vera, saturada por las tareas del hogar, las demandas de los chicos y la falta de cooperación y reconocimiento de su esfuerzo, decide irse 10 días de viaje dejando a Víctor a cargo de todas las responsabilidades hogareñas.

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A esta altura la historia, escrita por Mariano Vega, ya estaba configurada y comenzaban vislumbrarse dentro del film tópicos como el padre ausente (no por abandono premeditado, sino por dedicar la mayor parte de su tiempo y energía al trabajo), el poco (o nulo) reconocimiento hacia el ama de casa y su labor, la inconexión de lazos familiares y hasta el destrato hacia el trabajador y sus derechos por parte de las megaempresas.

Con una rigurosa y dedicada puesta en escena, opulentas interpretaciones actorales y un ritmo preciso en el montaje, la película había cumplido su primera hora llena de situaciones hilarantes y diálogos graciosos y originales que se adecuaban a la personalidad de cada personaje. El film se perfilaba para ser una gran obra.

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Pero poco a poco ese potencial se fue diluyendo. Comenzaron a entreverse pequeñas indecisiones del realizador que afectaron al conjunto del film y se manifestaron de manera concreta en el protagonista principal que tardó demasiado en reaccionar frente al conflicto y cuando lo hizo no fue para nada genuino ni convincente. Por un lado la joven a la que Víctor dejó sin trabajo sólo recibió una breve disculpa por parte de él en la que es sin dudas la escena más floja de la película. Una escena que da la sensación de haber sido rodada a las apuradas, con poco tiempo y sin demasiada planificación. Además, una escena tan engorrosa del punto de vista del diálogo y las acciones que los actores (Diego Peretti y Pilar Gamboa) parecen hasta incómodos en la interpretación.Y por otro lado, el conflicto principal que tiene Víctor con sus hijos (la falta de comunicación) se termina resolviendo en una escena bastante desafortunada en la que prácticamente no hay contacto visual entre él y los chicos. Estas resoluciones resultaron tan endebles que la película llega tambaleando al final, y esos conflictos que proponían  temas tan interesantes para desarrollar y que entusiasmaban tanto terminaron disolviéndose por completo.

Mamá Se Fue de Viaje” divierte, entretiene y hace reír con un humor fresco y efectivo, pero su inconsistencia termina dejando una sensación ambigua. Pareciese que Winograd gastó todas sus energías dando forma a esas desopilantes escenas del comienzo y por ello descuidó aspectos esenciales del relato que terminaron dejando al film huérfano de contenido.
Así un proyecto que podría haber generado mucho más que un par de carcajadas en la audiencia termina convirtiéndose en un vacío primer acto de una anunciada secuela.

Puntaje: 6/10 Buena.

 

Por Facundo Leiva-Freytes

Datos del Film
Título original: Mamá se fue de viaje
Año: 2017
Duración: 1h 30min
País de origen: Argentina
Director: Ariel Winograd
Guión: Ariel Winograd y Mariano Vega
Música: Dario Eskenazi
Fotografía: Félix Monti
Reparto: Diego Peretti, Martín Piroyanksy, Carla Peterson, Muriel Santa Ana, Pilar Gamboa, Agustina Cabo, Guillermo Arengo, Mario Alarcón, Maruja Bustamante
Productora: Patagonik

Soylent Green: Realidad anticipada

Una de las cosas más interesantes de la ciencia ficción de antaño es lo que ésta puede decirnos sobre la actualidad.

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Soylent Green es una película dirigida por Richard Fleischer basada en la novela “Make Room! Make Room!” de Harry Harrison. Estrenada en 1973, es más actual que muchas de las películas que están hoy en día en cartelera en los cines mundiales.

Un calor agobiante y una espesa niebla verde cubren una Nueva York que para el año 2022 ya alberga 40 millones de almas. Las catástrofes ambientales han llevado al planeta a una situación límite, la vivienda y la comida  escasean y son abastecidas por inmensas corporaciones que controlan la población como ganado.

Para alimentar a esta población se ha creado un alimento sintético llamado Soylent. Existen de diferentes sabores y se los reconocen por sus colores, está el Soylent Blue (azul), el Soylent Red (rojo) y el novedoso Soylent Green (verde) saborizado con plancton que se obtiene del océano y que se distribuye sólo un día a la semana.

En este contexto es que aparecen nuestros protagonistas envueltos en un thriller policíaco: El detective Thorn (Charlton Geston) y su compañero, el veterano  Sol Roth (interpretado por Edward G. Robinson). Ellos deben descubrir qué se oculta detrás del asesinato de un alto magnate de Soylent, la corporación que distribuye el alimento sintético que se les provee a las masas.

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Se plantean en la película tópicos que tienen muchísima vigencia en nuestros días: por un lado la sobrepoblación, la insuficiencia de recursos básicos como el refugio y la alimentación; y por otro la crisis ambiental, sobre todo ahora que los chicos listos que están al mando dicen que el calentamiento global es una conspiración.

El film de Fleischer logra desnudar problemáticas que ya en aquella época se podían vislumbrar y que casi medio siglo después se han hecho realidad.
En el año 2013 se patentó un suplemento alimenticio diseñado con la intención de sustituir todas las necesidades alimenticias del ser humano, ahorrando dinero, reduciendo el tiempo de preparación de la comida, y garantizando la mejor nutrición; a este suplemento alimenticio se le dio el nombre de Soylent justamente en referencia al film, como si se tratase de un chiste lleno de cinismo.

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La película cuenta además con escenas bellísimas entre Thorn y su compañero Sol como cuando comparten una cena con “comida de verdad”, o el diálogo que mantienen en la sala de eutanasia donde ambos observan las maravillas del mundo proyectadas en la pantalla.
Pero  hay muchas escenas que son bestiales y cargadas de brutalidad como la Iglesia atestada de enfermos, o las palas mecánicas avanzando sobre la multitud hambrienta.

Soylent Green no parece para nada desubicada dentro del contexto socio-ambiental de la actualidad mundial; pero si aparecería desubicada entre las demás películas en cartel, no sólo porque en la era de las remakes cada vez es menor el espacio para los films originales sino porque Soylent Green se presenta como un verdadero espacio de reflexión y debate, algo que al cine de hoy parece no interesarle.

7,5/10 Está buena.

por Facundo Leiva-Freytes

Datos del Film:

Título original: Soylent Green
Año: 1973
Duración: 1h 37min
País de origen: Estados Unidos
Director: Richard Fleischer
Guión: Stanley R. Greenberg (Novela: Harry Harrison)
Música: Fred Myrow
Fotografía: Richard H. Kline
Reparto: Charlton Heston, Leigh Taylor-Young, Edward G. Robinson, Chuck Connors, Joseph Cotten, Brock Peters, Paula Kelly, Stephen Young, Mike Henry, Whit Bissell
Productora: MGM

 

Get Out: Una película de terror donde el joven negro llega al final de la trama VIVO

La ópera prima del comediante Jordan Peele que combina terror y comedia al mejor estilo de los 80s.

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Lo más interesante de Get Out es cómo, utilizando el imaginario colectivo como plataforma para su mensaje, Jordan Peele le propone al espectador un juego dialéctico entre la realidad que significa hoy ser un joven negro en Estados Unidos y los preconceptos raciales vinculados a los personajes.
Y eso es estimulante.

Chris (Daniel Kaluuya) está de novio con una joven blanca llamada Rose Armitage (Allison Williams) y se dispone a pasar el fin de semana en casa de sus suegros. La idea es que los padres de Rose conozcan a Chris, y esto lo tiene un poco intranquilo. A pesar de que Rose lo anima y le dice que todo va a estar bien, él siente cierto nerviosismo y ansiedad por saber cómo será la reacción de sus padres al conocerlo y saber que es de raza negra, porque no lo saben aún. Este ánimo se traslada a las butacas del cine donde el público percibe que hay algo raro detrás de todo esto. Más aún cuando una vez que llegan a la casa de los Armitage todo parece demasiado artificial, empezando por esa excesiva cordialidad con la que es tratado Chris y lo incómodo que resulta que el jardinero y la mucama de la casa sean de raza negra y parezcan dos seres alienados.

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En su debut como director Jordan Peele podría haber ido directamente hacia el agobiante abismo del drama interracial pero sin embargo nos sorprende con una película que combina terror y comedia al mejor estilo de los 80s para evidenciar una problemática socio-política que flagela a la sociedad norteamericana actual, y sobre todo a la comunidad afroamericana, a la que él pertenece.

El género de terror permite al director desarrollar aun más ese juego dialéctico que enfrenta los preconceptos del espectador con lo que sucede en la trama.
Ya desde la presentación de los personajes del jardinero y la mucama se induce al público a través de la música a pensar que el peligro reside en ellos.
Pero éste no es el único ejemplo de cómo Peele manipula las ideas preconcebidas que el espectador tiene: “lo que podría suceder” o  “lo que siempre pasa en las películas”. Lo hace ya desde el comienzo del film cuando un joven afroamericano es secuestrado en un suburbio blanco, o sobre el final cuando el patrullero arriba al lugar donde están Chris y Rose peleando.
Cuando el patrullero aparece en escena la sala entera murmura, porque todos y cada uno de los presentes saben que nadie iba a creer la historia de ese chico afroamericano que estaba atacando a una joven caucásica en medio de la carretera.
Es ahí donde el director deja en evidencia destellos de lo que sufre la comunidad afroamericana en estos días. Sintiéndose rehenes de una sociedad hipócrita y racista, y atormentados por un pasado brutal que quizás nunca deje de acosarlos.

6,5/10 Está buena.

por Facundo Leiva-Freytes

Datos del Film:
Título original: Get out
Año: 2017
Duración:  1h 44min
País de origen: Estados Unidos
Director: Jordan Peele
Guión: Jordan Peele
Música: Michael Abels
Fotografía: Toby Oliver
Reparto: Daniel Kaluuya, Allison Williams, Catherine Keener, Bradley Whitford, Betty Gabriel, Caleb Landry Jones, Lyle Brocato, Ashley LeConte Campbell, Marcus Henderson, LilRel Howery, Gary Wayne Loper, Jeronimo Spinx, Rutherford Cravens
Productora: Blumhouse Productions / QC Entertainment